¿Qué morirá cuando yo muera? a caso,
mis ojos fijos en un sin fin de amaneceres
y atardeceres de colores palpables.
Las flores y animales,
la gente moviéndose aglutinada en las aceras de la gran ciudad,
son estructuras de piedra que se diluyen en las imágenes líquidas
de mis ojos.
Morirá conmigo el olor a tierra mojada,
a perfumes y sudor fusionados,
a manjares y especias combinadas.
Moriré con mil estrellas fugaces cohabitando
en lo profundo de la cotidianeidad;
En este mundo tal vez,
dejaré de existir y mis manos serán
polvo devuelto a la tierra.
El mundo existe a pesar de mí;
Gira en su vehemencia de asfalto,
Y es verdor puro
Y es sequía pura.
Es entonces que yo habito,
De vez en cuando,
en la memoria de los otros.
Una memoria no absoluta.
Una memoria cuyos recuerdos
difumina y aplaca.
Y es entonces, que nos suponemos inmortales,
cuando prometemos.
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